Viernes, 05 Enero 2018 01:15

Sexo de reconciliación

Escrito por Maria Jose Remedios
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Sus besos, su cuerpo, sus ojos eran una fantasía para mí, cada noche que pasaba sin él lo deseaba más. Hacía más de un mes que no habla conmigo, no sabía nada de él, sólo de sus fotos y su buen gusto.  Los errores más feos de la vida son esos que nos llegan a hacer perder a las personas que queremos, son difícil de superarlos, sobre todo si uno se la pasa pensando en el "hubiera". Hace mucho tiempo escuche en una obra una frase que me encantó "cuando uno se enamora la caga", y tiene toda la razón, cuando uno está tan enamorado la emoción se desborda tanto que no sabe cuándo comente el error, todo es gozo y euforia al grado de que no sabemos que decimos, la pasión nos traiciona.  

Una tarde mientras calificaba recibí un mensaje, era un video donde la chica estaba en cuatro, mientras el hombre (todo un Don Juan) la penetraba por atrás, mientras ella de placer pedía más y más. Al preguntar por el mensaje me dijo que había sido un error al intentar agregar el video a otro grupo de whats, pero para mí los errores no existen; según Freud los errores no suceden y mucho menos las coincidencias, sólo son pretextos de nuestras mentes para cumplir deseos.  

Lo disculpé, asumiendo por bien mental – de él-  y acepté que era una coincidencia con toda la intención de entrar en su juego de palabras, ese que yo siempre ganaba.  

- ¿A qué hora llego a su casa?, para platicar y echarnos unas chelas- me asumí invitada 

-No sé, no estoy seguro, la casa es un tiradero- escribió dudoso 

-No voy a ver su casa, sino a usted, para platicar sin maldad, ¿11 pm está bien? -insistí, sin dar lugar a la evasión.  

-Mejor 11:30, pero no estoy seguro, dijo mientas se hacia el difícil  

-Es sólo plática- le dije para convencerlo- es más, yo llevo las chelas.   

Los errores, como dije son difíciles de arreglar, pero el frío invierno es jodido cuando uno está solo. 

 Me fui a mi casa, me duché y me arreglé lo mejor para ser irresistible. Una falda azul a cuadros y blusa blanca en modo escolar fue mi look para salir a matar; sabía que las faldas le encantaban y mis piernas lo ponían loco:  era toda seducción.  

Al llegar a su casa me pasó como una vieja canción dice " No sabía si besarlo en la cara o en los labios", estaba tan nerviosa que tiene las cervezas que llevaba en uno de los escalones de la entrada.  Subía lentamente las escaleras mientras me imaginaba desnudándome en su cuarto como de costumbre, pero su seriedad me regresó a la realidad.  

-Pase- me dijo con una leve sonrisa que parecía no tener nada de malicia  

Me senté en su cuarto y comenzábamos a buscar una buena película para poder platicar, mientras la veíamos.  

No hablamos de los errores, ni de las disculpas, esas ya estaban claras, pero las miradas eran extrañas, era tocarnos por medio de la distancia, era como jugar a no querer coger pero saber que nos deseábamos.  

Dos horas pasaron viendo Netflix; los detalles del cariño limpio siempre se hacen en silencio.  

-¿Tiene frio?- me dijo con una mirada de ternura.  

-Para nada- dije mientras me tapa con la esquina de su cobija roja.  

Se levantó y abrió una cobija nueva para taparme, aunque yo prefería que me cubriera con sus brazos y su cuerpo desnudo.  

Los hombres cuando quieren son detallistas, y desde limpiar el baño para que las mujeres que los visita no se sienta incomoda hasta dar una cobija son detalles que enamoran, son cosas que me bajan los chones y me ponen húmeda sin una sola palabra 

Su mirada era tierna y a la vez contraída, pues dudaba como reaccionaria si me tocaba.  Lo bonito de los hombres mayores es que saben que la mujer es quien decide hasta donde desea llegar, por ello decidí lánzame y abrazarlo para ver la película, pero la respuesta fue inmediata; un beso largo y apasionado acompañado del abrazo que tanto deseaba, hicieron que me quitara la cobija y las cosas subieran de tono.  

La cosa no quedo ahí, toda la pasión contenida saltó y se hizo presente como si abriera la puerta de un tigre enjaulado y con mucha hambre.  

Sus manos recorrieron mi cuerpo como si lo recordaran a la perfección en cada curva y cada rincón; inició por las piernas, fue subiendo lentamente hasta llegar a mis nalgas en donde se detuvo para besarlas. El recorrido siguió por mi monte venus, en donde estratégicamente tocó con la lengua mi temperatura corporal y mi humedad. Los pequeños dedos subieron por mi espalda acompañados de besos que me pusieron cada vez más nerviosa hasta llegar a mi cuello donde sentí su barba raspar con suavidad y un leve soplo en el oído.  

 No sabía quién lo deseaba más, de lo que estaba muy segura era de que conocía lo que me causaba placer.  Sabía que el oral me gustaba cuando su barba rosaba con mi monte y que mi boca deseaba su miembro como si fuera una paleta de sabor de esas que se chupan hasta llegar al centro. De repente sus manos tomaron con fuerza mi cadera para penetrarme como si supiera que estaba lista para tenerlo dentro, un gemido de placer fue mi respuesta sin filtro alguno, pues más desnuda ni de cuerpo, ni de alma podía estar.  Las lamidas de tetas eran tan suaves y juguetonas que provocan mi risa suavecita de nervios, como si me hicieran cosquillas.  

La reconciliación cada vez se hacía más dulce, con los besos y las metidas al mismo ritmo. Todas esas veces que había soñado volverlo a tener se estaban cumpliendo. Al inicio las cosas eran normales y dulces hasta que como siempre decidió darme un beso para penétrame de forma anal, pues sabía que cuando estaba tan húmeda el dolor no se sentía, sólo el placer. Cuando hacía eso me imaginaba como un pequeño jaguar siendo dominado por su macho.  

El deseo llama al deseo, esa noche hicimos un decálogo de posiciones, en todas me cuidaba como si fuera una pequeña flor que no debía romperse.  

Como siempre un 69 espectacular fue lo que le ayudo a venirse, me encanta devolver el favor de unas buenas lamidas con otras; lo chupe desde la base hasta la punta, su erección era una delicia, reflejaba el deseo que también tenía por mí.  

Su semen tibio cayo en mis tetas, y mi último orgasmo sucedió mientras veía su cara de placer....  

El sexo no es todo, pero un buen sexo de reconciliación encanta a cualquiera.  

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