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Lunes, 10 Julio 2017 01:27

Mis hombres, sus manías y placeres Destacado

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Los hombres de mi vida tal vez sean uno mismo revolcado por el destino. Por ello hoy daré cabida a algunos, a sus manías y placeres.

Hombre 1.
Julián era un hombre alto, de buen ver, y al cual parecía que más placer que el coger, le daba el verme comer, por ello cuando iba a su departamento preparaba una comida de 4 tiempos: ensalada, sopa, guisado y postre. Le era sumamente molesto que no terminara por completo, pues según él se había esmerado realizado con finos detalles la comida.
El malísimo cogiendo. Su 1.95 no era proporcional a su miembro, y mucho menos a su duración. Alguna vez con sólo dedearme se había venido.
El otro gran placer que tenía era hablar de la bolsa de valores, como si cada indicador fuera un orgasmo.

Hombre 2.
Su boca me encantaba, cada vez que sonreía era un completo misterio. Pocas veces lo escuche abrirse, su corazón era blindado. Cometí errores y aun me siento culpable por ello.
Yo era rehén de esos besos y su misterio. Las palabras eran mínimas, los besos las callaban. Por las noches pasaba horas pensándolo, recordando los besos y su calor. Evitarlo era improbable, no quererlo imposible, de él deduje que las mejores expresiones no se hacen con palabras.
Cuando me visitaba sabía que los besos lentos llevaban al sexo, algo tierno. Su deseo era mi deseo, o por lo menos eso decía él.

Hombre3.
Era un hombre a leguas fanfarrón, sin embargo algo me gustaba. Era muy sincero y amaba con pasión. Cada día era un sorpresa. Era sumamente expresivo, pero tenía un gran defecto, una madre inseparable. El sexo con el era casi a escondidas, en hoteles por de más sencillos y cercanos a su casa. Había uno en el que siempre pedíamos la misma habitación.
Su miembro era enorme, daba mucho placer, aunque tenía poca variedad, tenía poca experiencia y la mayoría las cosas que hacíamos en la cama eran replicas poco exactas de videos porno. Los errores se cometían comúnmente, alguna vez me golpeé tan fuerte en la cama, que tire algunas cosas de un librero contiguo.

Hombre 4
Sentada en mi cama sabía que sólo era sexo, pero aun así me encantaba. La posiciones eran excitantes y su lengua era su mejor, sabía llevarme al clímax. Era un encanto en la cama, todo un caballero. Solía hacerme el 69 y cada vez era una experiencia única, era un 69´, un 69 *, un 69 ´´.
Con el la penetración eras un acto final después de muchos buenos momentos. Lo hacíamos por la casa, como si fuera un tour por ella. Al despedirse, sólo las gracias podía darle.

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Lady Motel

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