Lunes, 15 Mayo 2017 00:24

Estrenando el depa

Escrito por Lady Motel
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Muchas veces desee vivir sola, ahora que lo  he logrado puedo decir que es genial andar por la casa en  tanga y sentir que mis nalgas se enfrian, cosa que regula mi cuerpo caliente; además me permite tener terapias de besos de vez en cuando...

Para estrenaar mi depa invité a Él un fin de semana, me ayudó a mudarme y en la noche, así con las cajas a medio sacar y las cosas a medio ordenar comenzamos a besarnos con mucha intensidad; estabamos cansados pero siempre cuando se quiere hay un espacio para los besos. La sesión de besoterapia comenzó en en la sala, era lenta y las cervezas habían hecho su efecto desihibidor; unos besos en el cuello y otro más tierno la frente revelaron sus deseos. Él era muy apacionado y me llevó caminando hasta la cama, en nuestro camino una que otra caja se atravesó, recuerdo que me pegué en la rodilla, su mano me sobó pero  de inmediato subió para entrar por debajo de mi falta  azul. 

Mi tanga roja fue cayendo lentamente por mis pies, no sé como pero al llegar al cuarto tampoco tenía blusa. Me sentía casi desnuda pero su cuerpo era tibio y me tomaba con suavidad para hacerme un oral. Su cabeza estaba en medio de mis rodillas, mientras yo gemìa de placer, porque aunque estaba casi rasurado parte de la barba me daba una sensación única. 

La noche comenzaba hacerse más fría, necesiaba aumentar mi temperatura; los besos iban de labio a labio y mis gemidos aumentaron. Sin embargo a él no le bastaba eso, su caballerosidad lo obligaba a llevarme al orgasmo. 

Sus dedos  hacian cosquilas en mi clítoris como si fuera un vibrador, pues  estaban bien educados y sabían como tocar, aun la mujer más seria sentiría placer. Los besos en la espalda desde el cuello hasta las nalgas hicieron que pidiera más. Mi deseo se desbordaba, las nalgas estaban bien paradas y yo sobre Él, cabalgandolo como si fuera en caballitos de la feria, me encantaba hacer eso, pues pemitia seguir besandolo. Sus besos siempre habían sido tiernos y sexys a la vez, esta ocasión no era diferente. 

Para hacer un 69 me pidó que me volteara y lentamente puso su boca en mi vagina, su lengua juguetona era imparable; mis piernas eran como de Bambi, me temblaban tanto que  me tuve que detener a lo cual me dijo

- No te pares, no te contengas.

Así lo hice, no me limité, seguí hasta tener dos orgasmos casi seguidos. Ahora yo estaba casi saciada y necesitaba devolver el favor, por eso lamí su miembro hasta que lo hice venirse, el sabor era dulce. Ahora ya no tenía frio. 

 

 

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