Lunes, 17 Octubre 2016 00:00

Las fotos

Escrito por LADY MOTEL
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La edad no importa, los besos y las caricias sí. La mayoría de mis amantes han sido más grandes que yo, sólo uno que otro de menor edad que yo, pero jamás me detengo a ver las arrugas, con que tenga la mayoría de edad soy feliz. Sin embargo tengo un problema que ya varias veces he comentado: SOY SAPIOSEXUAL.


Me enamoran las buenas platicas, la inteligencia para el sarcasmo y hasta para tomar fotografías.
Ver una buena foto puede hacer que me moje la tanga y hasta que me la quite, son esos tonos de la luz los que generan que excite, la correcta profundidad me da escalofrió y los contrastes me abren las piernas. Me da pena reconocerlo pero ver fotografías de famosos fotoperiodistas en Instagram es un preámbulo para tocarme hasta generar mínimo dos orgasmos.
Hace mucho tiempo lo conocí, él era fotoperiodista. Conocía muy poco de su personalidad, pero su trabajo me hacía que pareciera que sabía todo de su personalidad . Era mucho más grande que yo en edad y seguro también en experiencias, pero aun así me incitaba al placer.
Tenía los ojos pequeños y la mayoría de las veces hablaba con frases cortas pero muy certeras. No… sí…no… todas terminadas con un YA¡
Cada vez que él tomaba fotografías hacia parecer que no existían los nervios, su seriedad los escondía. Cuando descubrí que me excitaba decidí invitarlo al hotel, pero él se puso rojo, no sabía que contestarme, entre silencios me contestó que se sentía más cómodo invitándome unas cervezas en su casa.
Al llegar al lugar lo primero que detecté fue un impecable orden en todo lo que estaba alrededor, el hombre tenia una personalidad muy interesante que concordaba con lo que había visto en las fotografías. Vivía rodeado de fotografías de otras grandes personalidades, las fotos de desnudo abundaban, y aunque no fueran de él me ponían nerviosa, al grado de que sentía la necesidad de despojarme de mi ropa.
Mientras me ofrecía una cerveza y me miraba las piernas como si fueran objeto de deseo lo comencé a besar y le lleve la mano bajo mi falda. Deje caer mi tanga por debajo de mis botas para que pudiera meter sus dedos.
Al inicio sus ojos denotaban confusión pero su mano tuvo el instinto de tocarme para masajear el monte venus, el deseo ganaba.
Los besos nos llevaron a su cama, con unas sabanas con color guinda que hacían juego con mi falda y mi blusa, hasta parecía camuflajearme. Cuando menos lo sentí su cabeza estaba entre mis piernas y su boca estaba en mis labios metiendo la lengua, me hacia gemir de placer. La seriedad era sólo una forma despistar y esconder esas habilidades linguales.
Decidí ser reciproca y saborear su miembro, tuve que lidiar un poco con su cinturón, pero sabía que me encanaría ver su cara de placer.falda lady

Una pequeña sonrisa se esbozaba en su rostro mientras lo hacia, era el conocimiento de esa área secreta la que me daba acceso a ese diminuto regalo.
Un 69 era algo que pocas veces había experimentado con tanto goce, él sabía acariciar y en menos de dos minutos había encontrado ese punto oculto cerca del clítoris que me hacia gritar como loca; mis piernas comenzaron a temblar, era como un pequeño venado intentando caminar.
Sus manos me tiraban hacia él y mis gritos aumentaban con esa lengua y sus movimientos. Sentía como me besaba y metía sus dedos para preparar un anal.
De una forma tierna y abrazándome me giró para meter los dedos en mí, y tenerme boca abajo, era esa misma habilidad la que usaba al trabajar con la cámara. De repente y sin moverme me puso en posición de misionero para meterme el miembro al ritmo de la música que no sé en que momento puso de fondo. Con un solo movimiento me quito la blusa y me dejo sólo con la falda.
La tormenta que se suscitaba afuera no era nada comparado con el sudor y la humedad que sus dedos lograron generar.

ladyfalditaMientras sus besos me cubrían sentí su miembro entrar por atrás, la verdad estaba excitaba que no tenia dolor, sólo placer. Entraba y salía, como si fuéramos grandes conocidos. Tres orgasmos y muchos más placeres tuve antes de que él terminara; su semen era tibio al sentirlo sobre mi espalda, el percibirlo me relajó, mis piernas no pudieron sostenerme en pie, terminé en su cama tirada escuchando su respiración y mirando esas fotos que tanto me gustaban, era como un pequeño paraíso en una habitación.

Las delicias del sexo no tienen edad, pero sí subconsciente.

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