Lunes, 19 Octubre 2015 00:00

HOTEL ROMAMOR

Escrito por ladymotel
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Elegir un motel, es como elegir un hombre: su personalidad cuenta mucho. De hecho, cada vez que elijo un motel, este debe de hacer una especie de maridaje con el hombre, para no romper el encanto.

El hombre de esta ocasión era de una sobriedad inigualable, a pesar de que a si mismo se hacia llamar EL EXPLORADOR pues gustaba de vivir viajando por el mundo con la única idea poder escuchar historias y a su vez poder ir por la vida contándolas.

Cuando lo conocí-casi por error- fue un día en la calle cuando escuche una de esas historias que el contaba del mundo. Ese tipo de cuentos, bastante interesantes, suelen llevarme a la cama y no precisamente a dormir.

Lo fui conociendo poco a poco, era un tipo bastante sencillo, con una gran nariz y un cabello largo que siempre lo recogía –me recordaba a la película de Apocalipsis , versión chilanga- con una personalidad fuerte y decidida, pero extrañamente muy mocho en la calle. No le gustaba que lo tocara mientras caminábamos   y mucho menos toqueteos o besos.

-no me gusta esas cosas en la calle, prefiero que la veas a puerta cerrada.

Así me dijo cuando lo cuestione, y ante ello no me quedo más que guardarme las ganas y reservarme las manos dentro de mis bolsos. No puedo negar que me frustraba no besarlo, ni tocar la mercancía.

El día del hotel lo vi cerca de metro Hospital General y caminamos a paso lento y admirando la casas sobre la calle de Chiapas …fue fácil reconocer el hotel, de color arena, con unos detalles en azul. Al entrar la chica de la recepción nos indicó que sólo tenia la habitación sencilla, lo cual me puso un poco agüitada pues yo quería probar el jacuzzi.

El hotel era bastante grande, y a esas horas estaban limpiando la mayoría de las habitaciones.

Al entrar la habitación no era normal, aproximadamente 5x4 o un poco más, los tonos grises en piso hacían buena pareja con los tonos rojos.

El Explorador había pedido que yo fuera dominante, que lo vendara de los ojos y lo cogiera como si fuera un pequeño esclavo.

Lo tapé de los ojos y comencé a darle masaje poco a poco, hasta desnudarlo, con mucho cuidado puesto que tenía una pierna lastimada por su andanzas en el mundo. Al llegar a los chones antes del chiclocentro noté que le quedaban perfectos, era comercial de ropa interior, ni grandes, ni aguados, con la medida perfecta, además sus nalgas no eran enorme, pero si tenía. Me quedé cuadrada al ver su figura completa en desnudo.

Unos besos y lamidas despertaron su gran miembro, que por cierto, era mucho más grande que lo que había visto en las fotos. Mientras hacia mi trabajo oral, saco su celular

-Te tomaré unas fotos – dijo ya cuando lo tenía en la mano y con flash encendido.

Ni un minuto paso cuando dijo ordenando y quitándose la venda por completo de los ojos.

-Es video ahora, así que haz algo.

De inmediato puse esmero en lo que hacia y comencé a gemir, porque me excitaba mucho que me grabara. Al terminar de grabar, me dijo que solía borrar todo el material y que no me preocupara.

De un momento a otro me dieron muchas ganas de montarme en él, pero la verdad tenía miedo de su rodilla, por eso lo hice lentamente y preguntando si estaba de acuerdo en mi posición.

Al penetrarme no puede evitar mis gemidos. Saltaba como una niña en la feria, en los caballitos. Luego me tomo de la cadera y se levantó jalándome hacia la borde de la cama boca arriba, con las piernas sobre sus hombros. Los calcetines hacían que se resbalara un poco, pero todo entraba justo como me gusta.

Para ponerlo cómodo y evitar lastimarlo decidí mejor que se sentara en el sillón kamasutra, aunque este en particular era un poco alto por lo cual mis pernas volaban del piso. Y ahí, con un poco más de comodidad, salté de nuevo como una niña que vaya a llegar al final de su viaje. Para terminar, el hombre me pido que mi lengua fuera la que hiciera el trabajo final, a mi no me costó trabajo decir que sí.

-Muy pocas mujeres hacen que venga de sólo hacer oral- dijo en cierto momento, y lo tomé como un gran halago.

El sabor de su semen era muy agradable por lo que no dudé limpiar todo con gran vehemencia.

Al final terminamos como habíamos empezado, con una gran historia de su vida como explorador; hoy por lo menos seguro había explorado nuevas cavernas y mis curvas.

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