Lunes, 11 Mayo 2015 00:00

Un metro para un inge

Escrito por ladymotel
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Hace tiempo conocí a un Ingeniero- arquitecto, de esos que nacen en el Poli y que a diferencia de los arquitectos nacidos en la UNAM, los cuales son fresas, tienen una mitad de ingeniero que los hace guarros y la otra mitad de arquitecto que los hace fresas y sofisticados para eso del buen vestir y la buena comida.


A mi la guarres me gusta, una pequeña dosis funciona como un buen preámbulo para la seducción.
Uno de esos días donde el calor agobia y la necesidad de refrescarse es mucha, vi al Inge para echarnos unas chelas. Cerca de metro Cuauhtémoc, había una cervecería un tanto X pero que servía bien para los fines de lucro requeridos.
Aún sin besos transcurría la tercera ronda, pero para que besos si las manos se pueden deslizar por debajo de la mesa. Mis manos tocaban su pantalón y suavemente daba masaje a su miembro: su erección era controlada por su caballerosidad, me sorprendía.
Al finalizar las chelas decidimos tomar camino a casa –cada quien a la suya obviamente- pero que mejor para ello que tomar el metro. Era viernes y quincena, el metro iba a reventar, no podíamos ni subirnos.
-Y si esperamos el otro?- me dijo mientras me jalaba a la pared del anden para darme un beso
Ante eso no hubo respuesta, sólo acción. Un beso no se niega a nadie y menos si está tan sabroso.
Dejamos pasar más de dos trenes, so pretexto de ir a tope. Era verdad, pero aún más verdad era que tenía muchas ganas de que ese hombre de 1.80 m de altura me diera un arrimón.
Al hacerle la propuesta, me dijo
- Y cómo funciona eso?, entro al metro contigo y luego...?
- No te preocupes, sólo déjate llevar- contesté
El siguiente tren venía igual que los otros, apenas entramos de ladito, así que aproveché.
Comencé moviendo mis nalgas lentamente sobre su miembro, eran movimientos casi naturales por la cantidad de gente y el lento avance el metro, seguro estaba lloviendo afuera.
Luego me giré y metí mi mano bajo su camisa y el pantalón, nadie lo notaba. Comencé a estimular lentamente, con masajes suaves. Para ese momento me di cuenta que tenía que haber bajado en una estación anterior. Pero que importaba, amo ver las caras de placer y lujuria de los hombres. Además el que calzara del 10 y medio era completamente acorde al tamaño de su miembro.
Los movimientos comenzaron ser más rápidos mientras sentía como se iba humedeciendo; mis nalgas eran tocadas por sus grandes manos, deseaba como nada que me metiera sus dedos, pero la situación lo hacia imposible. Mi masaje llego hasta la estación Pino Suárez. Estaba tan erguido que hubiera pagado yo misma el hotel para saber si su tamaño podía hacer frente a mis necesidades. Solamente al oído le dije el mejor piro que puede existir para un hombre que e conoce: ME GUSTAS PARA RELATAR UN MOTEL.

El hombre sólo atino a decirme UFF TODO ETUVO BIEN SÓLO ME RASGUÑASTE UN POCO ... NO SÉ POR QUÉ NO LO HABÍA HECHO ANTES¡¡¡

 

Pronto haré que la historia siga...

y ustedes hubieran aceptado mi propuesta?

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